Las vacaciones de verano las hemos terminado en Chipiona (Cádiz), nos hemos alojado en La casa de los balcones, una mansión de finales del siglo XIX, rehabilitada para apartamentos. Vicente su dueño tiene un cuidado especial con el habitáculo. Una persona extraordinaria. Vivir en este lugar ayuda al descanso.





Por otro lado, las tardes en la playa han sido magníficas. Muy propicias para provocar versos desde el encuadre de unas fotos tomadas en el momento.
- EL INSTANTE DE LA LUZ

La luz se disuelve en el horizonte.
A lo lejos, se oye el rabioso tañer
de unas campanas llamando a la oración.
El instante, casi eterno, provoca
un extraño diálogo
entre el eco de bronces y el bramar de las olas
que rompen en la playa.
2, CALMA DE MAR

Esta calma de mar que resbala furtiva
entre las piedras de la playa.
La tarde hunde la claridad en la arena,
la sombra aprende el pulso de la orilla.
Este ir y venir del agua,
memoria del tiempo y de la luz.
Las olas borran tu nombre
en la arena,
el horizonte guarda lo perdido.
Esta playa que guarda los pasos,
huellas vencidas al borde de las olas.
La tarde abraza el resplandor
de lo mínimo, tu nombre
se hunde entre las aguas.
Este silencio abierto frente al mar,
respiración de lo que acaba,
besa despacio las sombras.
Y la luz que me rodea
se vuelve límite,
distancia de lo infinito.
3. JUEGOS DE ARENA

ESTA TARDE el sol roza el horizonte.
En la playa los niños
entregan su voz a la espuma
y el mar recoge el grito de sus juegos.
Mientras, la orilla guarda
el pulso de sus risas.
Esta tarde las voces buscan
el impenitente juego de las olas
que se deshacen en la arena.
El júbilo atraviesa cada espuma,
la playa se hace eco de sus nombres.
Esta tarde la luz penetra en mi memoria.
Siento como el tiempo
se transforma en un instante
que no quiere despedidas
y se mantiene en el silencio.
4, LA VOZ DEL MAR

Las nubes parten el sol,
la playa recoge sus últimos pasos.
Un relámpago de agua cruza el horizonte,
la lluvia escribe lejos su amenaza.
En la orilla se borran l
as huellas de anónimos pies.
El mar levanta su voz contra la arena,
cada ola golpea la memoria del día.
El cielo cabe entero en su caída.
Mi hijo salta sin tiempo,
sus pies contradicen
la marcha de las horas.
Por un instante el aire lo sostiene.
El mar guarda su salto entre las olas.
5. HAMBRE DE CARICIAS

El calor sofocante
recorre los habitáculos multicolor
que se agolpan en la playa.
Un niño rompe el aire con su llanto,
las voces se confunden con las olas.
El mar golpea la orilla
con hambre de caricias.
La multitud se aprieta contra la arena,
cada cuerpo parece buscar
el alma de la luz.
Un olor inmundo a tabaco y pescado
penetra por todos los rincones.
Nadie conoce su propia orilla.
Permanezco en medio de la turba,
sin lugar donde encontrarme.
El verano recoge sus dominios.
Nada que hacer.
El mar continúa en su Infinitud
de liquida materia.